En la mesa de la pizzería hay cuatro personas. Tres son adultos que comen pizza y pasta. La cuarta es una niña pequeña sentada en una trona. En vez de plato, tiene un teléfono móvil colocado sobre un pequeño trípode. Mientras los adultos conversan animadamente, la niña (¿dos? ¿tres años?) mira vídeos frenéticos y blande su dedito para hacer scroll arriba y abajo en la pantalla. Lo presencio desde la mesa de al lado, mascando lasagna, como una imagen icónica de una civilización decadente.
